martes, 8 de marzo de 2016

El carlismo y Peracense.



A pesar de su relevancia y de sus especiales connotaciones, la I Guerra Carlista, es una gran desconocida para el público en general.
Los norteamericanos con una guerra de esas características, hubieran tenido material para su industria cinematográfica para aburrir. Películas de todo tipo, épicas, heroicas, románticas, costumbristas, dramas, comedias, y hasta de terror. Pero aquí, es algo que no llega al gran público, quizás eclipsada ésta por una Guerra Civil, la de 1936, que todavía tiene voz en muchos de nuestros mayores.
Pero esta I Guerra Carlista, tiene unas dimensiones que se desconocen. Una guerra de una gran mortandad, sobre todo si tenemos en cuenta la población de la España de aquel tiempo. Donde el desprecio a los derechos humanos, a las normas de la guerra (si acaso ésta puede tener normas), a la vida de los contrarios, al enemigo, hicieron que este enfrentamiento alcanzara cotas de crueldad, de falta de humanidad y de un espíritu cainita, que hizo que la frase de Thomas Hobbes de "El hombre es lobo para el hombre”, tuviera un amplio sentido y a la vez se quedara muy corta.
Los ajusticiamientos eran moneda común, hasta llegar a fusilar a las madres de los cabecillas enemigos, como pasó con la madre de Cabrera. Matar de hambre a los prisioneros, cuando no se pasaban directamente a cuchillo. Las traiciones, la cerrazón, la intransigencia.
En definitiva una guerra, que enfrentaba a dos Españas (dos Españas que con matices y altas y bajas han seguido enfrentadas en más ocasiones de las que a la propia España le hubiera convenido), una rural, tradicionalista y clerical y otra urbana, con tintes liberales y pretendidamente más moderna. Entre los años 1.833 y 1.839.
Herencia, esta primera guerra carlista y dos más que la sucedieron; de aquel rey, Fernando VII, que algún historiador ha denominado "El Rey felón".
Pues bueno, en esta guerra, el ejército de Aragón tuvo una relevancia tremenda en el campo de operaciones. Se tomaron por parte de los tradicionalistas poblaciones de importancia, Morella y Cantavieja que acabaron siendo la capital de Cabrera y del carlismo del Maestrazgo. Sus partidas y unidades fueron tremendamente activas, atacando poblaciones de  mayor entidad, como el mismo Calatayud o Zaragoza.
 

Y dentro del marco de estas acciones y de la osadía de este ejército carlista de Aragón, comandado por Cabrera, es donde el castillo de Peracense, volvió a convertirse en una fortaleza con funcionalidad militar, como las que tuvo en siglos anteriores.
 

El castillo fue ocupado por tropas cristinas en 1.837. Concretamente se sabe por vestigios encontrados en la fortaleza, que allí estuvo la "Milicia de Infantería de Aragón", que se trataba de un cuerpo no regular creado con motivo de esta I Guerra Carlista, e integrantes del 6º regimiento de caballería "Castilla" y de infantería de línea.


Se acantonaron en los recintos intermedio y superior de la fortaleza. Esta guarnición hubo de afrontar en primer lugar trabajos de desescombro, seguidos de obras de rehabilitación, aunque de escasa entidad, orientadas más a alojamientos de cierta comodidad y recuperación de algunos muros. A los pies el castillo, se encontraba una ermita, conocida de La Villeta, que el comandante de la guarnición ordenó derruir y aprovechar así los materiales de la misma.
Este destacamento era proveído de víveres regularmente, rehabilitaron el eficaz sistema de recogida de agua y construyeron un horno para hacer pan. La tropa y los jefes se alojaban en el recinto alto, del todo inexpugnable.

Retrato de Juan de Dios Polo

En 1.839, hasta allí llegaron las tropas comandadas por Juan de Dios Polo, que se convertiría en otro de los pilares del Carlismo y en cuñado del mismo Cabrera. Militar de profesión, participo en múltiples acciones de guerra, llegando a entrar en el mismo Calatayud. Su intención, para el control del valle del Jiloca y el control de toda la zona, era la de tomar el castillo de Peracense. Castillo que es ese momento tenía la misma importancia estratégica de la que gozó en la Edad Media, a pesar de que el valle del Jiloca, por su naturaleza y extensión no era el escenario favorito de las partidas carlistas, más cómodas en los intrincados paisajes del Maestrazgo.


Los soldados carlistas, ocuparon el pueblo de Peracense e intentaron en varias ocasiones el asalto al castillo. Pero el castillo y su guarnición, bien pertrechados y aprovisionados, aguantaron el ataque de las tropas de Polo, que finalmente tuvo que abandonar el lugar.