jueves, 3 de febrero de 2011

El asesinato de Prim





En el Facebook, me he unido a una iniciativa, en la que pones en tu avatar, una figura histórica, real o ficticia que te cause admiración o que te haya inspirado. Yo he puesto a Prim.

Por la red he encontrado este interesante artículo sobre él, estaba en un blog, que estaba abandonado, pues desde el 2004 no se actulizaban entradas, así que me he tomado la libertad de resucitar este escrito.


"Joan Prim i Prats (Reus 1814 - Madrid 1870), Conde de Reus y Marqués de los Castillejos.


Nacido en Reus el 18 de diciembre de 1814, hijo de un importante notario de la ciudad.


En 1843 partició en el movimiento contra el regente Espartero, sublevando la zona de Reus (y y toda Cataluña poco más tarde), hecho que le valió conseguir como recompensa los Títulos de "Conde de Reus" y "Vizconde del Bruch".


Cuando en 1859 estalla el conflicto de Marruecos, se hace cargo de un cuerpo de reservistas que alcanza señalados éxitos, obteniendo la concesión de "Grande de España" y el Título de "Marqués de Castillejos".


Murió en un atentado el 27 de diciembre de 1870, no siendo descubiertos nunca sus autores, aunque el mismo Prim, consiguió llegar a su casa malherido y contar a su mujer quien habia sido su asesino.


Aquella noche, Prim se preparaba para ir al Ministerio y despachar algunos asuntos pendientes. Había recibido tres anónimos amenazadores, en el último de los cuales le advertían que su fin estaba próximo. Por consejo de su esposa Doña Francisca Agüero, dama mexicana, que estaba muy asustada, se había puesto una cota de malla (chalecos antibalas de aquellos tiempos) bajo la ropa.


El no lo tomó muy en serio, acostumbrado a tener "baraka" como le decían los norteafricanos cuando estuvo en la campaña de Marruecos. "No se ha fundido aún la bala que pueda matarme", acostumbraba decir. En los combates, y tuvo muchos, fue siempre a la cabeza sin preocuparle las balas que silbaban a su alrededor. Otra de sus frases era: "La bala que silba es que ha pasado".


Pero aquella noche no le cuenta a su esposa que tiene un mal presentimiento. Uno de sus buenos amigos, D. Bernardo García, Director del periódico "La Discusión" junto con otro de sus amigos, Ricardo Muñiz con quien acababa de cenar en el Ministerio, le habían advertido que existía una conjuración contra él.


Así pues, aquella tarde, se dirige hacia el Palacio de las Cortes. La sesión del Congreso duró hasta la noche de los cortos días invernales. Terminada su jornada, se disponía a regresar a su casa que era el propio Palacio del Ministerio de la Guerra.


Se le acercó un Diputado republicano, el Sr. García López que en voz baja le aconsejó que variara su ruta habitual. Se acercaron en esos momentos Sagasta y Herrero de Tejada que conversaron brevemente con él. Fuera, en la calle, nevaba intensamente. El coche de caballos del General esperaba en la puerta de Congreso, en la calle de Floridablanca.


Cuando se acercaba a la salida, estaba el Diputado Paul y Angulo calentándose en una estufa cerca de la salida para quitarse el frío. Este Paul y Angulo, alcohólico y depravado, había sido en tiempos muy amigo de Prim, pero ahora era su mayor enemigo. Era periodista y atacaba al General continuamente por el periódico "El Combate" incluso en uno de sus artículo había escrito: "Hay que matarle como a un perro".


El General, a sabiendas de que aquel hombre le odiaba, le dijo cordialmente: "¿Por qué no viene con nosotros a Cartagena para recibir al nuevo Rey?".


Paul y Angulo le miró con odio reconcentrado reflejado en sus ojos y en todo su rostro picado de viruelas que contrajo durante su permanencia en la cárcel de Jerez y esclamó: "Mi General, a cada uno le llega su San Martín".


En aquel momento se levantó Montesinos, que formaba parte del grupo republicano de las Cortes que dirigía Paul y Angulo y que estaba con éste calentándose en la Portería del Congreso y se dirigió sin decir palabra hacia la calle del Sordo (hoy calle de Zorrilla).


Al General le acompañaban sus dos ayudantes, Moya y González Nandín que subieron con él al coche. Eran las 7:30 p.m. A pesar de las advertencias Prim siguio su ruta acostumbrada. Es notable que no hubiese un solo policía, de los que tenía para su seguridad, en todo el trayecto. De la calle del Sordo entraron en la calle del Turco (hoy llamada Marqués de Cubas), y cuando iba a salir a la calle de Alcalá donde desemboca, vió el conductor que había dos coches que obstruían el paso, lo que le obligó a detenerse.


De pronto, como si saliesen de las sombras, surgieron dos grupos de hombres cubiertos con largas capas y armado con trabucos que se situaron a ambos lados del coche de Prim. González Nandín que se había dado cuenta de lo que se les venía encima, avisó a Prim: "¡Mi General, tenga cuidado!". Por su parte, el ayudante Moya gritó: "Mi General, nos hacen fuego!".


Sonaron unos vidrios rotos de una de las portezuelas que quedó rota y una boca de fuego amenazadora disparó a quemarropa sobre el General Prim.


Había tres hombres por cada lado, y Prim y su gente oyeron una voz que venía del grupo de la derecha, una voz ronca, inconfundible, que Prim reconoció muy bien. Esa voz gritó en la oscuridad: "¡Fuego, puñeta, fuego!". Los asesinos obedecieron y descargaron sus trabucos. La misma voz, gritó: "¡Ahora vosotros!". Otro de ellos exclamó: "¡Prepárate, vas a morir!".


Esta vez y aunque ante la advertencia de sus ayudantes, Prim se había replegado en su asiento como buscando protección, la nueva descarga hirió al General en el hombro, en el brazo izquierdo y en la mano derecha. Los asesinos habían disparado ocho tiros a quemarropa, tanto es así que Prim tenía los granos de pólvora clavados en su carne, el típico tatuaje de los disparos hechos muy de cerca.




Al ver lo que estaba sucediendo, el conductor había lanzado los caballos contra el obstáculo, derribando a uno de los coches de alquiler que habían traído los asesinos. Atravesó la barrera, dirigiéndose (cruzando la calle de Alcalá) hasta la calle de Barquillo por donde tenía la puerta el Ministerio de la Guerra (Palacio de Buenavista).



Mientras tanto, los asesinos habían huído hacia el Paseo del Prado, donde tenían caballos preparados, huyendo en ellos.








Prim, desangrándose tuvo aún entereza para subir las escaleras que conducían a su vivienda, agarrándose con la mano herida al pasamanos y dejando un reguero de sangre a su paso. Su esposa, que oyó algo en el silencio de la noche, llena de ansiedad, salió a su paso. Moya y González Nandín que habían salido levemente heridos, le acompañaban. Nandín había sufrido una herida más seria en la mano derecha.Tendieron al General en su cama y avisaron con urgencia a un médico. Llegaron enseguida el Dr. Vicente y el Dr. Losada que hizo una cura más radical. "¡Veo la muerte!" exclamó Prim cuando le preguntó el médico cómo se sentía.




Las heridas no eran realmente tan graves. Hoy en día Prim hubiera curado, pero dos días después comenzó una infección con temperatura elevada y delirio. El General había dicho a sus ayudantes: "¡Aquella voz que ordenó disparar, aquellas voz era sin duda la de Paul y Angulo!".




Los dos médicos que le veían llamaron en consulta al eminente Dr. Federico Rubio, que vino acompañado por el Diputado D. Ricardo Muñiz, gran amigo de Prim. El Regente y los Ministros habían acudido en cuanto se enteraron del atentado y pasaron la noche velando al herido.




Los comunicados de prensa, mucha veces contradictorios, señalaban que los proyectiles habían sido extraídos por los médicos y añadían que no había complicaciones. "El Imparcial" decía que Prim había recibido 8 balazos en el hombro de los cuales habían sido extraídos siete. Hubo que amputarle parte de un dedo y seguramente perdería otro dedo.




El Almirante Topete se había hecho cargo del Ministerio de Estado y el de Guerra con la Presidencia y el Sr. Ayala del Ministerio de Ultramar.




Al día siguiente le fue levantada la cura al herido asegurando los comunicados de prensa que el estado del herido era satisfactorio.




Cuando vieron el coche de Prim, que hoy día se conserva en el Museo del Ejército, observaron que tenía hasta 15 orificios y en el gabán que vestía Prim, hasta 12 agujeros. La cota de malla debió detener mucha metralla. Sin embargo, la agencia de noticias FABRA anunciaba el 30 de diciembre de 1871 que el estado del General Prim se había agravado y poco después: "El General Prim ha fallecido esta noche".




Antes de morir, el Presidente había dicho a su amigo Montero Ríos con voz débil:




– "Me cuesta la vida pero queda el Monarca".




–"¿Qué día es hoy?" preguntó con voz desfallecida el ilustre político.




–"Treinta", le contestó su amigo.




–"¡Treinta...! Y el Rey llega y yo me muero... ¡Viva el Rey!".










Las heridas y tratamiento del General Prim.




Decía el Dr. Alfonso de la Fuente:




"Las heridas eran en número de cinco, tres en el hombro, una en el codo y otra en la mano. Las cuatro primeras eran en el miembro superior izquierdo y la quinta en la mano derecha. Las del hombro llevaban una dirección oblicua de delante atrás y de fuera adentro. Fueron producidas por disparos realizados desde la ventanilla izquierda. Sólo una interesaba los huesos de la articulación escápulo-humeral y no había indicios de lesiones neviosas o vasculares de importancia."




"La herida del codo pudo producirse desde cualquiera de las ventanillas del coche, pero exige que el miembro estuviera alejado del tronco y en elevación. Interesaba la cabeza del radio. Pudo lesionar alguna rama del nervio radial, pero difícilmente un vaso principal. Por último las herida de la mano estaba muy localizada e interesó hueso, obligando a la amputación digital."




Todo hace suponer que ante la sorpresa del ataque se defendió protegiéndose con los brazos y un movimiento de rotación del tronco hacia la derecha, adelantando el hombro izquierdo que sufrió los mayores efectos. Lo superficial de algunas heridas y el escaso poder de penetración de los proyectiles (ninguno produjo orificio de entrada y salida) redujo las lesiones sólo a partes blandas y dos fracturas que no debieron originar nuevas lesiones dado que no se describe en el protocolo de autopsia.




"Ninguna de las heridas recibidas era mortal. Una terapéutica correcta hubiese hubiese asegurado la curación. Por celo pofesional quizás no se avisó hasta las 4:00 pm del día 30 cuando ya era tarde al Dr. Sánchez Toca que era una autoridad en Cirugía. El ilustre médico a quien hizo venir, a pesar de la resistencia, al reconocer a Prim exclamó: "Me trae usted a ver un cadáver" dijo a Muñiz.




Un resumen del tratamiento podría hacerse así:




La terapéutica debió ser mínima.




El día 1º se hizo una simple inspección de las heridas y colocación de un apósito. El curso fue favorable en las primeras 24 y 48 horas. Los médicos se limitaron a esperar.




Dice Lafuente: "Así se explica que los bordes de las heridas estuvieran en el momento de la autopsia, irregulares y equimóticos".




El día 29 se practicaron las intervenciones para extraer el proyectil de la región escapular y la amputacion digital.




(x)Por aquel entonces en regiones muy apartadas de nuestro planeta, por ejemplo entre los indios de América, se sabía que para extraer un proyectil, se debía hacer con un cuchillo al rojo vivo. Cauterizando la herida había menos peligro para el herido. Y además conocían numerosas substancias de las selvas que curaban las llagas y heridas. Sin saberlo ellos, empíricamente, estaban aplicando antibióticos. Pero Prim estaba en un lugar "civilizado". Estaba aún lejos los trabajos de Lister sobre los antisépticos, las adecuadas transfusiones sanguíneas después del descubrimiento de los grupos sanguíneos por Landsteiner y aún más lejos las sulfamidas y los antibióticos tal como hoy los conocemos.




Las heridas operatorias de Prim no supuraban, haciéndolo por el contrario las que no se intervinieron.




"La infección se hace manifiesta el día 30 por la mañana con fiebre alta y delirio".




Dice el Dr.Lafuente: "La infección no es achacable a las intervenciones quirúrgicas". Tengo mis dudas al respecto. "La infección debió ser producida por anaerobios y así se justifica lo brusco e intenso del cuadro febril, la escasa supuración y la muerte en tan pocas horas.




La versión de que las balas iban envenenadas que tantas veces se repite en el Sumario, carece de todo fundamento.




Sigue diciendo Lafuente: "En definitiva el shock traumático de los primeros momentos, agravado por la hemorragia, aun cuando ésta no fuera masiva, en corto tiempo prepararon el terreno para la infección, no siendo difícil que ésta fuera producida por gérmenes anaerobios y así se justifican lo brusco e intenso del cuadro febril, la escasa supuración y la muerte en tan pocas horas".




Prim se quejaba frecuentemente de dolores en hipocondrio derecho (posiblemente hepáticos, calculosis biliar) y tenía un matiz amarillo verdoso.




Cuenta Pedrol Rius (x) que cuando estuvo en París las comidas de allí muy condimentadas le provocaban estos dolores, tanto que tuvo que ir al Balneario de Vichy para hacer un tratamiento con aquellas aguas mineromedicinales y ver si se aliviaba, y como parece que le fueron bien, volvía cada año para una cura de aguas.




En noviembre de 1854, al regresar de una cacería estuvo postrado en cama varias semanas "por un terrible mal de costado que le trataron los Drs. Corral, Asuero y Hurtado con sangrías y sanguijuelas".




(Lafuente x)."La autopsia"Que a las 11.30 de esta mañana han reconocido y practicado la autopsia del cadáver del Excmo Sr. D.Juan Prim, procediendo a reconocer su hábito exterior. Observaron en el rostro incrustaciones de granos de pólvora en número considerable, en la región deltoidea izquierda. Denótase en su parte anterior y media tres heridas contusas por arma de fuego, la más considerable es de forma ovalada e irregular, de un diámetro de unos seis centímetros, de donde se deduce que fue producida por la acción de dos proyectiles que penetraron unidos y paralelos...de grueso calibre."




"Las otras dos, situadas en la parte anterior y algo superior de la primera, son de deiámeto más reducido, de unos seis milímetros y distantes entre sí de ocho a diez. En la parte superior del hombro existe una erosión de la piel, lineal, de dirección transversal, de unos tres centímetros de longitud y que no interesa más que la piel; en la parte posterior y a unos centímetros del borde de la escápula izquierda, hay una herida incisa de dirección vertical, que ha sido practicada para extraer uno de los proyectiles. Las heridas por arma de fuego tienen sus bordes irregulares, festoneados y equimosados, notándose en alguno de ellos el estado de supuración."En la articulación húmero-cubito-radial izquierda, o sea codo, sobre el punto que corresponde a la cabeza articular del hueso radio, existe otra herida por arma de fuego, de figura circular, de siete milímetros de diámetro, de bordes equimosados y festoneados, y que ha destrozado la cabeza de dicho hueso. En la mano derecha se observa la amputación reciente del dedo anular, practicada por el método a colgajo, operación que hizo necesaria una herida de arma de fuego, en la cual, penetrando el proyectil por la articulación del cuarto metacarpiano había sido extraído por la cara dorsal y parte media del segundo, donde existía una herida incisa de seis milìmetros de longitud. Procediendo a la necroscopia a fin de conocer la dirección de las heridas y el daño que éstas hubieran producido en los tejidos, observaron en las del hombro que la de mayor diámetro sigue una dirección oblicua de izquierda a derecha y de delante a atrás, e interesa la piel, tejido celular, músculo deltoides y la cápsula articular. La cabeza del húmero que está fracturada conminutamente y la escápula perforada en el tercio medio de su borde superior, en cuyo sitio se ve corresponder la herida incisa ya descrita. Las otras dos heridas penetran en la piel y masas musculares sin llegar a la articulación escápulo-humeral. La herida por arma de fuego del codo izquierdo se encuentra limitada a la fractura de la cabeza del radio."La herida de la mano derecha ha destruído la primera falange del dedo anular, corriéndose el proyectil por debajo de los tendones de los extensores, depositándose sobre la cara dorsal del segundeo metacarpiano."




"En vista de los antecedentes que había suministrado el facultativo de cabecera, Dr. Losada, respecto al curso y padecimiento de las lesiones del Excmo. Sr. D. Juan Prim, y estando relacionadas éstas con las observaciones anatómicas ya mencionadas, deducen que las heridas por arma de fuego eran graves, que la que ha penetrado en la articulación escápulohumeral, era mortal "ut plurimunt" (sic), que todas ellas han provocado una fiebre reaccional, que al ser moderada hubiera sido natural y beneficiosa, pero que por su intensidad ha provocado un accidente inmediato y consecutivo a aquéllas, congestionando las membranas y el órgano encefálico, contribuyendo rápidamente a la muerte."Que por el examen de las heridas se deduce que los proyectiles eran de distintos diámetros y disparadois a muy corta distancia".




En la transcripción que Pedro Rius hace en su obra, no hay firma de los forenses que hicieron este protocolo de autopsia."




Autores del crimen.




José Paul y Angulo fue sobre quien recayeron las sospechas, primero porque odiaba a Prim, luego porque el propio General reconoció su voz cuando ordenaba a los sicarios disparar. Y como preparando su huída, había pedido previamente su retiro en el periódico "El Combate". La premeditacion era evidente. Y en efecto, después del crimen, huyó a Francia y más tarde se instaló en América para regresar de nuevo a Francia donde escribió un libro y luego murió el 2 de abril de 1892, en circunstancias misteriosas.




Roque Barcia fue detenido e incomunicado en la prisión de El Saladero, detención arbitraria y que le permitió en la cárcel relatar los acontecimientos de aquella noche. Es el que "inventaría" lo del "telégrafo fosfórico".




En el Sumario hay un desfile de testigos de lo más variado, la esposa del Dr. Vélez y su hijo de 10 años que casualmente pasaban en el momento del crimen por la calle de Alcalá cuando iban a cruzar la calle del Turco, una castañera que asaba su mercancía en la esquina de Alcalá, dos conserjes de la Escuela de Ingenieros que entonces estaba situada en la calle del Turco nº 5, todos vieron lo que sucedió, pero ninguno quiso o pudo precisar quiénes fueron.




Coinciden todos los historiadores en que hubo un hombre bajo y barbudo que rompió el cristal de la portezuela e hizo el primer disparo. Se han dicho muchas cosas, pero algunas de ellas son pura leyenda, como lo del "telégrafo fosfórico" de Roque Barcia que dice:




"Un hombre encapado que estaba en el acceso frente a la salida del Congreso encendió un fósforo. Por la calle del Sordo al ver esta señal, se enciende otro fósforo y en la embocadura de la calle del Turco, otro encapado enciende otra cerilla".




Era al parecer la señal por medio de las cual se avisaban a los grupos preparados para atacar a Prim.




Pedrol Rius afirma que no hubo necesidad de tanta truculencia. Cuando sale precipitadamente Montesinos del Congreso antes que Prim lo hiciera, tuvo tiempo sobrado de avisar a los asesinos y quedarse con el grupo que atacó al General y dirigir los tiros.




De todo lo que dice el Sumario se deduce que era un complot en el que intervinieron muchos grupos que deseaban la muerte de Prim y hacía tiempo que la preparaban. Ninguno de los ayudantes del General vió ninguna de aquellas famosas cerillas. Pero hubo un detalle que olvidan los historiadores. Además de los dos coches que obstaculizaron el paso del coche de Prim obligándole a pararse, lo que facilitó el ataque, hubo un tercer coche, otra carretela que se colocó en la propia calle de Alcalá con cochero y lacayo y otro grupo que le esperaba casi a la puerta del Ministerio, por si fallaban los primeros. Había mucha, demasiada gente para que fuese cosa de un solo grupo enemigo. Había corrido dinero en abundancia para pagar a aquellos sicarios que habían sido contratados desde lugares diversos y estaban dispuestos a que no fallase el atentado.




Sin embargo, Prim no hizo mucho caso de las advertencias que le indicaban que cambiase su itinerario. Tenía una escolta de hombres decididos y bien preparados para su defensa. Les indicaba por medio de una señal el itinerario que iba a seguir. La señal consistía en que si llevaba el bastón en la mano derecha, seguiría ese camino a la derecha y si lo llevaba en la izquierda era que iba a tirar por la izquierda. La verdad es que no tenía mucho donde elegir desde el Congreso a su casa. No había muchos itinerarios. Y se podían haber colocado en los dos posibles itinerarios esperando su paso. Preocupado o distraído llevó el bastón en la derecha y dejó al cochero que tirase por donde quisiera y la ronda de guardaespaldas dejó sin protección la calle del Turco. Esto lo debían de saber sus enemigos y de todas formas debió haber otros grupos que si hubiera marchado por otra ruta estarían preparados para actuar de la misma forma.




Lo cierto es que el binomio José Paul y Angulo y Montesinos aparecen en primer plano aquella noche y se sabe que intervinieron Paco Huertas, Ramón Armella y Adrián Ubillos. Todos estos sujetos desaparecieron consiguiendo ayuda para escapar a América. Casi todos desaparecieron del mundo de los vivos en extrañas circunstancias. La red tendida debió tener poderosos brazos. Hubo otro, un tal Ramón Martínez Pedregosa que años más tarde confesó en su lecho de muerte en un país sudamericano que había sido uno de los que asesinaron a Prim.




¿A quién beneficiaba más inmeditamente la muerte de PRIM?



Del Sumario se deduce que a los partidos más cercanos al poder: el partido republicano, el partido del Duque de Montpensier y el partido del General Serrano.




Ya dijimos cómo contestó Prim al representante francés durante su entrevista: "No habrá república en España mientras yo viva".




El partido republicano había sacado después del monárquico el mayor número de votos. Y en efecto, tras la muerte de Prim, el partido republicano subió al poder. Montpensier estaba movido por ambiciones personales. En cuanto a Serrano, Duque de la Torre, tras la muerte de Prim fué Presidente del Consejo y con la Retauración, Jefe del poder Ejecutivo, que era lo mismo que Jefe de Estado. Todos ellos salieron ganando con la muerte de Prim.




Cuando Amadeo de Saboya llegó a España, visitó a la esposa de Prim para darle el pésame y le dijo: "Buscaré a los asesinos del General".




La respuesta de la dama fue: "Pues no tendrá V.M. más que buscar a su alrededor".




Paul y Angulo fue el instrumento con su grupo de malhechores que fueron los autores materiales, por lo menos Huertas, Armella, Ubillos y Montesinos. Hubo otros más. Pero detrás de ellos hubo alguien, el Coronel Solís ayudante del Duque de Montpensier, y mucho dinero por medio, para pagar a los asesinos, facilitar su fuga a América, mantenerlos allí callados por muchos años y eliminar a algunos de forma misteriosa así como testigos de cargo.




Otras pistas nos llevan a José María Pastor, Jefe de la escolta del General Serrano, Duque de la Torre. Contrató a dos vascos, dos riojanos, algunos de Ceuta y otros más con la decisión de asesinar a Prim.




Un cabo de nombre José Ciprés Janini a quien le fue propuesta esta infamia, no estuvo conforme con ella y avisó personalmente a Prim de lo que se tramaba contra él. Prim según su costumbre no le puso mucha atención.




José Paul y Angulo murió en París el 23 de abril de 1892 en circunstancias misteriosas.




El asesinato del General Prim no fue una excepción de esta que parece ser la regla. Quedó impune como tantos otros.




Como decía Olivar Bertrand: "El alevoso crimen del 27 de diciembre de 1870, torció el curso de la Historia de España".




Así cantaba el pueblo de MADRID:





En la calle del Turco




ya mataron a Prim




sentadito en su coche




con la Guardia Civil.




Seis tiros le tiraron




a boca de cañón.




¿Quién sería el infame?




¿Quién sería el traidor?





Frases y discursos del General Prim:





"Los hijos de gatos gustan de ratones y el español cuando ve camorras, siente hervir su sangre y no cede su parte ni al diablo."




"Como ha dicho usted en los periódicos, tuve en Melilla dos combates con los moros, a quienes tuve el gusto de estropear y hacerles comprender que yo soy de otra madera que los que hasta aquí les han combatido."




"No se ha fundido aún la bala que pueda matarme."






Discurso a sus hombres en uno de los combates que tuvo en Marruecos:



"Catalans: Benvinguts al valent exèrcit d’Africa, que us rep i acull com camarades... Tots vosaltres sentiu la necessitat de mantenir il·lesa l’honor de la terra en què haveu nascut; i si un sol de vosaltres, en lo dia del combat que serà demà –i jo us felicito per la providencial oportunitat amb què haveu arribat-; si un sol de vosaltres se portàs amb cobardía, girant l’esquena a l’enemic, l’honra de Catalunya ne quedaria danyada. Estic segur que no ho quedarà... Imitant lo exemple de vostres gloriosos antepassats, del qui amb admiració consigna la Història los heroics fets: no sols en eixa terra, sinó en altres més apartades encara, resonaren ses hassanyes, fins a travessar les Termòpiles, que semblen posades per lo teatro de grans accions. Feu com ho feren ells...Soldats: Catalunya que vos ha despedit amb gran entusiasme, les mares, los germans, los amics, tots vos contemplen amb orgull... No defraudeu ses esperances, que són les meves; però si per desgracia, lo que no crec, així fos, ni un sols de vosaltres tornaria a trepitjar la terra pàtria; aquí moririau tots ans que deshonrar en lo més mínim lo nom que portau. Seguint lo camí de glòria de vostres antepassats, i fent-vos dignes d’aquest exèrcit de braus, al regresar a vostres llocs, los catalans vos rebran amb aplauso i per on vulla que vengin un de vosaltres diran per totas parts: Veus aquí un valent!Soldats: ¡Visca la Reina!."









Traducción del discurso anterior:




"Catalanes: Bienvenidos al valiente ejército de Africa, que os recibe y acoge como camaradas... Todos vosotros sentís la necesidad de mantener ileso el honor de la tierra en la que habeis nacido; y si uno solo de vosotros, en el día del combate que será mañana –y yo os felicito por la providencial oportunidad con que habeis llegado-; si uno solo de vosotros se portara con cobardía, girando la espalda al enemigo, el honor de Cataluña quedaria dañada. Estoy seguro que no quedará... Imitando el ejemplo de vuestros gloriosos antepasados, de quienes con admiración consigna la Historia los heroicos hechos: no solo en esta tierra, sinó en otras más apartadas todavía, resonaron sus hazañas, hasta atravesar las Termòpiles, que parecen contadas por el teatro de grandes acciones. Haced como lo hicieron ellos...Soldados: Cataluña que os ha despedido con gran entusiasmo, las madres, los hermanos, los amigos, todos os contemplan con orgullo... No defraudeis sus esperanzas, que son las mias; pero si por desgracia, lo que no creo, así fuera, ni uno solo de vosotros volvería a pisar la tierra pátria; aquí moriríais todos antes que deshonrar en lo más mínimo el nombre que llevais. Siguiendo el camino de gloria de vuestros antepasados, y haciendoos dignos de este ejército de bravos, al regresar a vuestros sitios, los catalanes os recibirán con aplausos y allí por donde vean uno de vosotros dirán por todas partes: ¡Mirad aquí un valiente!Soldados: ¡Viva la Reina!."




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