sábado, 16 de octubre de 2010

La Señal Real



Este es un artículo que hace unos años me publicaron en la revista del Compromiso de Caspe.

A pesar de que han pasado tres ó cuatro años, el tema sigue vigente, y por desgracia cada día más.

Estos amables vecinos, se quieren apropiar de una historia, que es la nuestra, de una bandera que era de un linaje, no de un territorio, de unos bienes colindantes y en definitiva parece que Aragón debe dejar de existir en aras de la Corona Catalo-Aragonesa, que por cierto nunca existió.


Pues bien, este blog, al igual que muchos otros estamentos y foros (no sólo los de internet), serán siempre, al igual que el pueblo de Asterix y Obelix, una célula resistente a la fagocitación de la historia-cultura catalana , en detrimento de la aragonesa.


ORIGEN E HISTORIA DE LA BANDERA DE ARAGÓN:

LA LEYENDA:


Es un hecho que muchos de los monarcas y símbolos apoyan muchas veces su llegada al trono o su origen en mitos o leyendas, por lo general de carácter religioso o extraordinario, como forma de demostrar su derecho al poder frente al pueblo llano, más amigo éste de creer fábulas y cuentos, que de hacer un análisis objetivo de la realidad.


Curiosamente las bases de la política actualizan “sus ropajes”, pero no así sus bases,…¿casualidad?...no lo creo.


Es el caso por ejemplo del origen de la bandera de Aragón.


La primera vez que se menciona esta leyenda es a mediados del siglo XVI, en una obra del valenciano Per Antón Beuter, “Cronica General de España y Especialmente del Reyno de Valencia”, Valencia 1.551., que dice lo siguiente cuando habla del conde Wilfredo el Velloso:


"...en una batalla, según he hallado escrito en unos quadernos de mano, diz que pidio el Conde Valeroso [Wifredo] al emperador Lois que le diesse armas que pudiesse traher en el escudo, que llevaba dorado sin ninguna divisa, y el emperador viendo que había sido en aquella batalla tan valeroso que con muchas llagas que recibiera, hiziera maravillas en armas, llegose a él, y mojósele la mano derecha de la sangre que le salía al conde, y passó los quatro dedos ansí ensangrentados encima del escudo dorado de alto abaxo, haziendo quatro rayas de sangre, y dixo, estas serán vuestras armas, conde" .


Según este texto el emperador Luis el Piadoso, llamado también Ludovico Pío (814 - 840), otorgó estas barras que podemos denominar "de sangre" a Wifredo que gobernó el condado de Barcelona entre el año 878 y el 897. Otros otorgan ese honor al propio Carlomagno.


Si nos fijamos en la cronología de ambos dirigentes, comprobaremos el primer punto que hace insostenible esta tradición y es que ambos no coinciden en el mismo tiempo histórico. Además hay que añadir que en el siglo IX no habían surgido todavía los blasones y la heráldica.


Por éstas y otras muchas razones y argumentos este supuesto origen de las barras es inaceptable desde el punto de vista histórico. Sin embargo, el relato causó fortuna y alcanzó una notable difusión. Incluso se modificó con el tiempo el nombre de uno de sus supuestos protagonistas y se adjudicó el hecho a Carlos el Calvo de Francia (840 - 877) para aproximarlo más a los años en que Wilfredo gobernó el condado de Barcelona. La crítica e investigación demostraron ya hace mucho tiempo que simplemente se trata de una leyenda que, por cierto, ni siquiera es original pues otros linajes y países tienen la misma tradición.


Como hemos dicho la leyenda se adueñó del origen de este motivo y lo vinculó a una muy difundida tradición que lo relacionaba con la casa condal de Barcelona, totalmente descartada desde hace ya mucho tiempo por la crítica histórica. Seguro que en más de una ocasión han leído o escuchado que estas "barras" provienen de la casa condal de Barcelona, pero debemos advertir que se trata simplemente de una leyenda, bonita eso sí, pero leyenda al fin y al cabo.

LA REALIDAD:


El origen de las cuatro barras lo encontramos en la segunda mitad del siglo XI. Concretamente, en un viaje que realiza el aragonés Sancho Ramírez a Roma en el año 1068.


Sancho Ramírez viaja a Roma con una intención que es muy clara, y es que como Aragón es un pequeño Reino que se está descolgando de las montañas hacía el valle, necesita una cierta protección y esa protección la busca en el Papa. Y de hecho, Sancho Ramírez acepta convertirse en vasallo del Papa, precisamente porque era la gran potencia, si no territorial y política, por lo menos moral, de la época. Este vínculo está documentado incluso en la cuantía del tributo de 600 marcos de oro al año que debía pagar al Estado Pontificio el Reino de Aragón.


Es a raíz de esta relación feudo-vasallática, es cuando aparecen las barras, con las armas de linaje y el color de los hilos de las cintas de lemnisco de las que pendían los sellos papales con el emblema de palos de oro y gules.



Pinturas murales que decoran la torre del homenaje del Castillo de los Calatravos en Alcañiz.




El uso de las barras, nombre popular con que se conoce este motivo, aunque también han recibido el nombre de “bastones” o “palos”, se documenta profusamente desde el reinado de Alfonso II (1.162-1196), y más concretamente desde que este monarca ayudó al rey de Castilla en la campaña que éste último soberano hizo en Cuenca en 1177 donde recibió la ayuda aragonesa. Desde entonces "mudó las armas e seynnales de Aragón e prendió bastones", tal y como refiere la «Crónica de San Juan de la Peña», escrita hacia 1370. A tenor de esta frase la casa real de Aragón debía tener anteriormente otro escudo y bandera pero lamentablemente no ha llegado hasta nosotros ninguna noticia de cómo eran éstos. Sólo sabemos de su existencia.



Como decíamos los reyes de Aragón desde entonces (1.177), utilizaron este distintivo que se describe como cuatro fajas (franjas horizontales), de gules (color rojo), sobre campo de oro (amarillo). Si se trata de un escudo las fajas se cambian por "palos" o, lo que es lo mismo, en franjas verticales. Este símbolo fue conocido en aquellos tiempos como "señal real de Aragón". Era su emblema personal.


Esta imagen representa el campamento militar de Jaime I cuando la conquista de Mallorca en 1229. En ella está representado los colores del rey de Aragón, en la culminación de la tienda que aparece tras el monarca, en la propia tienda, en las mangas de su vestido y en las telas que adornan el asiento en el que soberano está sentado. En todas estas piezas aparece el "señal real de Aragón". Se puede ver otra tienda a la izquierda con las barras del rey de Aragón y delante de ella un soldado y el escudo que cuelga en el centro se representaron con el mismo emblema. Sin embargo, los cascos y las vestimentas de la persona que aparece a la izquierda del mismo o las figuras que están junto al rey llevan otros motivos. En la Edad Media el ejército del rey de Aragón estaba compuesto por sus propias tropas cuyos ropajes, por tanto, llevaban sus símbolos, y las mesnadas de la nobleza y órdenes militares que se identificaban con sus emblemas particulares.

El emblema perteneció al rey de Aragón y así se reconocía en todos los estados que entonces formaban Europa. Incluso, cuando en 1410 se extinguió el linaje iniciado en 1137 con el matrimonio de la reina de Aragón, Petronila, y Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, la nueva dinastía elegida en el Compromiso de Caspe, los Trastámara castellanos, asumió el emblema de las cuatro barras al ser designado Fernando como nuevo rey de la Corona de Aragón, en 1412, prueba inequívoca de que este símbolo era la representación del linaje de los soberanos aragoneses.



Bandera del siglo XIII, conservada en el ayuntamiento de Daroca.


Daroca, gracias a su meritoria participación en la toma de Valencia, conserva la bandera con el señal real que según la tradición fue colocada en las murallas musulmanas de la ciudad, en el emplazamiento de la actual puerta de Serrano, por las tropas darocenses durante su toma en 1238 y luego fue regalada por Jaime I a su ciudad como recompensa.
En su centro se observa un lábaro constantiniano bordado; se conservan restos de tafetán y raso del siglo XIII de dos banderas, restaurados juntos en el siglo XX uniendo los dos tejidos en uno solo con dos caras. Los posee el Ayuntamiento de Daroca que los saca en procesión en la fiesta del Corpus.



Miniatura del folio 232 v del denominado Vidal Mayor.



Artesonado de la Catedral de Teruel.



BIBLIOGRAFÍA:


AGUILAR GARCIA, María Dolores: "La pintura de la techumbre de la catedral de Teruel", Actas. III Simposio Internacional de Mudejarismo (Teruel, 1984). Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, 1986, pp. 571-592.

ÁLVAREZ, Rosario: "Las pinturas con instrumentos musicales del artesonado de la catedral de Teruel, documento iconográfico coetáneo de los códices de las Cantigas", Revista de Musicología, XI, 1988, pp. 31-72.

FATÁS, G. y REDONDO, G., Blasón de Aragón, Zaragoza, Diputación General de Aragón, 1995.

FATÁS, G. y REDONDO, G., La bandera de Aragón, Zaragoza, Guara, 1978.

FATÁS, G. y REDONDO, G. «Palos de Aragón», voz de la Gran Enciclopedia Aragonesa, vol. IX, Zaragoza, 1981.

MONTANER, A., El señal del rey de Aragón: historia y significado, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1995.

3 comentarios:

Recreoanacronista dijo...

Una de las cosas que me llama la atención (no de que se use y cambie la historia para justificar algo, eso es muy viejo) es el tema de definir los palos o bastones como barras. No sé cuándo se define heráldicamente "barra", que es diagonal, al ser el opuesto de la banda, pero puede que provenga de los primeros moemntos de la heráldica, y que había calado demasiado para ser corregido, a pesar de ser incorrecto...

JESUS FIDELIS dijo...

Tampoco sabría ndicarte porque en lugar de "palos", se dice "barras".

0=€:::JOSE:::> dijo...

Muy buen trabajo Jesus, desde el Reino de Valencia te envio un saludo y un abrazo.
Muchas mentiras contadas mil veces, por desgracia para nosotros, acaba sinedo una realidad.
Pero en estos tiempos de mentira universal, decir la verdad o demostrarla, puede ser todo una acto de revolución.