
Caminaba yo tranquilamente, hasta que un tipo, al que me parecía recordar de algo, empezó a mirarme con el gesto torcido.
De las miradas pasamos a las palabras, sobre todo yo. El era más bien un tipo callado.
Y de las palabras a las manos, sobre todo cuando mencioné ese short tan hortera que llevaba.
Al final tuve que golpearle fuertemente con mi ojo es su puño, y el tío sin pestañear aguantó el tipo, ahora bien, la cosa se quedó así, pues ni me siguió, ni insistió. Yo diría que no tenía cintura.
... Y la verdad me recordaba a alguien.
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